PRESENTACION
El Rostro del Dolor es un homenaje para recordar a todas las victimas anónimas de la violencia social que se ha generado a lo largo de la historia de la humanidad, sobre todo por aquella ejercida por los grupos en el poder, causando dolor y sufrimiento. Violencia derivada en primera instancia, de acciones encaminadas a la satisfacción de las necesidades básicas de supervivencia –alimentación, protección y defensa-, en donde la agresividad como una conducta animal innata, se transmuta en un acto intencional y dañino, atentando contra la dignidad humana, es decir, se transforma en violencia.
La evolución cultural, y propiamente dicho, el proceso civilizatorio que inicio hace 7000 anos con la invención de la agricultura, ha avanzado desorbitadamente mas rápido en comparación con la evolución biológica, este, ha sido el responsable de las atrocidades que la especie humana ha cometido contra sí misma, convirtiendo a la misma violencia en un acto perverso que recurre a la tortura y a la pena de muerte para lograr sus fines.
Realizando un breve recorrido por algunos de los estadios de la civilización que han permeado la cultura occidental, daremos cuenta por un lado, de la violencia contenida en los códigos de justicia aplicados a los transgresores del orden, y por otro, los visos de la intención de respetar la dignidad humana.
La intención de mostrar el dolor físico, el sufrimiento humano y el rostro de la perversidad a través de la obra del artista Arturo Méndez Licon en la que reproduce algunos actos de violencia cometidos por algunas instituciones socialmente legitimadas como lo fue la Inquisición, así como con reproducciones de objetos utilizados para torturar, es la de hacer una invitación para reflexionar a cerca de la necesidad de que como seres humanos tenemos de luchar por nuestra propia felicidad sin distinción de la raza, condición social -que ya de por si es violenta-, sexo o credo religioso y por el respeto a la dignidad humana eliminando la intolerancia.
Nuestra lucha contra las mil violencias de nuestra civilización perversa no puede ser el silencio y la sumisión. La mejor lucha, será, educando e instruyendo a nuestros hijos sobre los valores universales, para construir una sociedad multicultural con una ciudadanía que respete como punto de partida el valor de la dignidad humana, sea tolerante y que garantice la existencia real de la diversidad cultural promoviendo una memoria responsable de la historia. |